jueves, enero 04, 2007

Encuentros de Navidad
Esas personas que formaron parte de tu vida durante un tiempo se marcharon un día. Muchas lo hicieron de manera forzada, por alguna razón que nada tuvo que ver con vosotros; otras dejaron tu vida porque así lo decidieron. Pero aquel vínculo, que va decayendo, que se mantiene aletargado durante meses, renace cada Navidad como un ave Fénix que niega sus cenizas. Cada año vuelves a encajar tus compromisos y encuentras un hueco para volver a ver a quienes fueron compañeros de viaje en algún momento de tu vida. Algunas veces has imaginado la Navidad desde los días grises de noviembre, esperando volver a encontrarte con ellos, fiel a tu cita anual. Han venido a tu memoria aquellos días en los que os veíais sin necesidad de planearlo, momentos que constituyen una parte imborrable de tu existencia. Se han acercado a tu memoria las experiencias de un año que has vivido lejos de ellos, vivencias que sabes que se amontonarán en algún lugar de tu pensamiento mientras escuchas las suyas. Pero la realidad es que a esas personas sólo te une el recuerdo de un pasado que no volverá. Hemos cambiado. Somos otros. Han aparecido nuevas gentes que se han ido haciendo protagonistas en nuestros días, que son testigos y miembros de una vida que nada tiene que ver con la dejaste en esa fotografía. Vuestros caminos divergieron y cada vez están más separados. Esa conversación a media luz, en algún restaurante del centro de Madrid, no es más que un reguero de voces inconexas de gentes que no se conocen, que forman parte de mil nuevas historias que ocurrieron lejos de las de los demás y que ya sólo interesan a los nuevos camaradas. Dicen que al lugar donde has sido feliz nunca has de tratar de volver. Quizás la única manera de preservar en la memoria aquellos momentos es dejando a esas personas en el recuerdo, que es donde no dejarán de hacerte feliz.
(Qué equivocado estaba el día que escribí esto, afectado por un desencuentro que, por suerte, arreglamos al poco tiempo).
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